Un placer prehispánico, los quelites

 

¿Qué tienen en común las verdolagas, el epazote, la flor de calabaza, la lengua de vaca  o la pipicha?   Además de ser plantas comestibles, todas ellas son  conocidas como  quelites. 

Esta palabra proviene del náhuatl  quilitl, cuya traducción sería planta comestible, sin importar si se trata de una flor, un brote o incluso su raíz. De hecho, tampoco importa que pertenezcan a distintas familias.

Desde la época prehispánica, los quelites han sido considerados —al lado de los productos de la milpa—  como uno de los principales alimentos en la dieta del mexicano gracias a su peculiar sabor y valor nutrimental, sin mencionar su abundancia y  bajo costo.   De acuerdo con un artículo publicado por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, se estima que hay alrededor de 500 especies  de quelites, aunque debido a una  disminución en su consumo, en la actualidad solo se utilizan alrededor de 20 tipos. 
 
 Con toque nice

“Lo  impresionante de los quelites son todas las opciones que tienes para cocinarlos: los puedes freír, cocinar, hervir, comer crudos... es importante atreverse a usarlos pues además de ser muy interesantes, forman parte de una  herencia culinaria que es importante preservar,” comenta Mercedes Bernal, chef de Meroma, un proyecto que arrancó hace siete meses al lado de su esposo, el chef Rodney Cusic. “Son muy versátiles pero  hay que saber utilizarlos de una manera sutil, pues algunos pueden tener un sabor muy fuerte. Cuando compres quelites, fíjate que sean tiernos,  pues esto puede determinar su sabor.  En mantequillas o  vinagretas pueden ser muy exitosos,” recomienda.

 Fuente: https://www.eluniversal.com.mx/menu/quelites-un-placer-prehispanico